jueves, 22 de octubre de 2009

La niña y el gato

La niña se sienta en un pequeño sofá, situado especialmente para esperar. Tiene la mirada triste desde muy temprano, y no parece querer desvanecerse. Ahora, ha andado por calles, ha subido escaleras de la mano de su madre, sólo de una mano, porque con la otra viene cargando…no podía dejarlo, va con ella a todas partes, y hoy no podía ser la excepción. Así que con la otra mano viene cargando su bultito peludo, blanco y negro y con bigotes. Claro, esta decisión no es bien recibida en la familia, porque cómo va a andar contigo un animal para todos lados, pero no comprenderían que no es un simple animal. Pero no es necesario explicarlo, con saberlo para sí es suficiente. La niña se sienta, pues, en el sofá para esperar que los adultos terminen sus asuntos. Mientras espera, descubre una parte del bultito, y le mira los ojos amarillos llenos de misterios. Y sigue sentada, esperando que la llamen para reanudar la caminata por la ciudad, para volver a pasar junto a tantos que la miran con extrañeza, y otros tantos que la miran con ternura, o curiosidad. Y sigue sentada esperando, mientras piensa que no debe haber otros ojos tan amarillos como esos de su bulto en blanco y negro, y que cuando lleguen a casa debería darle un plato grande con leche tibia, porque qué frío hace aquí afuera. La madre voltea hacia donde está ella, y le dirige una mirada y “quédate ahí”… como si hubiera pensado en moverse…ella no, pero el bultito comienza a impacientarse, y no conviene que los maullidos se escuchen, porque en lugares como éste no puede uno meter animales así como así… bueno, tampoco entenderían. Entonces sólo se le ocurre acariciarle las orejas al bultito, para que su motor inexplicable comience a sonar, y vuelva a su somnolencia de gato. Y mientras lo acaricia, y mientras escucha el ronroneo, la niña sigue pensando, con los ojos muy abiertos, y no puede contener su asombro. Porque es increíble que las personas de alrededor no lo noten… bueno, sí notan la bola de pelo bicolor envuelta en una franela, pero no notan lo de debajo, lo de adentro, lo de atrás de los ojos amarillos. Tal vez todas las personas de alrededor estén pensando que la higiene, y que los animales no deben estar tan cerca de las personas, y que todo llenan de pelos… pero eso no es lo esencial. La niña tiene lo esencial debajo de los párpados… y como nadie lo entiende, sólo se lo devuelve al bultito, ahora en forma de sonrisas. Porque nadie comprendería…y quédate ahí.

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